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martes, 31 de marzo de 2009

Gotitas

Escuché hablar de ellos un 6 de enero, día de Reyes, hace como dos años, a través de Susana, una compañera de la redacción. Ella estaba indignada ese día. "No puede ser que la gente sea así", decía. Es que días antes ella había publicado una nota sobre la historia de los niños de Gotitas de Amor, un hogar ubicado en Itá que nació gracias al gran corazón de Ña Gregoria Cousirat.

La publicación despertó la solidaridad de varias personas de buena voluntad, quienes aún abundan en el país. Entre ellas apareció una que llamó al hogar y pidió a la encargada que los niños hicieran sus cartas para los Reyes porque ella pasaría a buscarlas y luego retornaría con los regalos de los tres personajes del Oriente.





Los zapatitos de los 23 niños que en ese entonces albergaba el hogar (hoy son 45) amanecieron uno al lado del otro en el patio junto al agua y el pasto para los camellos.

Emoción, alegría, ilusión, espera, ansiedad... Los niños se despertaron más temprano de lo habitual. Y... No había regalos. Pasaron las horas... Las 10:00, 11:00, 12:00, 13:00, 14:00 ... las 15:00 y los pedidos aún no llegaban.

La mamá del corazón de los chicos trataba de hacerlos entender que los Reyes quizás no pasarían porque estaban apurados y tenían muchos países que recorrer. "Será el otro año", les repetía.

Llegó la noche y los chicos durmieron sin haber conocido lo que se siente encontrar los regalos que con tanta ilusión pidieron en sus cartas. La señora jamás volvió a llamar...

En el hogar viven niños y adolescentes que fueron abandonados por sus familias en la puerta de la casa de la señora Cousirat, quien durante 30 años vivió y trabajó en Buenos Aires junto a su marido y sus cinco hijos.

Después de tres décadas fuera de su Paraguay querido retornó a su casa, que con tanto sacrificio había comprado en la villa Esperanza, ubicada en la entrada de la ciudad de Itá. A meses de haberse instalado en su residencia, junto a su marido su vida comenzó a dar un giro inesperado.

Una mañana, mientras la mujer realizaba las tareas del hogar escuchó el llanto imparable de un bebé. Salió a su vereda y estaba ahí, acompañado de otros seis niños.

Estaban desnutridos, tenían piques en los pies y no se bañaban hacía varios días. Les hizo pasar a su casa, les limpió a todos y les dio comida. Averiguó el paradero de sus padres. Conoció al papá, un hombre alcohólico, quien le pidió por favor que ella cirara a sus hijos porque el no tenía recursos.

La mujer los acogió en su casa. Semanas después volvieron a dejar a otro niño en su vereda, y luego a otro, y luego a otro más... hasta que todos juntos sumaron 34, hasta mediados de marzo de 2009. Como no tenía espacio para albergar a tantos niños apeló a la solidaridad de la gente a través de los diarios. Un ingeniero de gran corazón le construyó camas para todos sus nuevos hijos, la gobernación les donó leche y para los gastos de alimentación comenzaron a elaborar y vender detergente en el barrio.

Como dice su nombre, el hogar está lleno de amor. Las pocas veces que fui salí llena de alegría, invadida de abrazos, besos y sonrisas que dan esperanza. La casa es pequeña, pero a la vez grande: alberga a 45 niños, sí 45... increíble! Además tiene una guardería para los más pequeños, con clases de portugués e inglés.

Hace un mes, llegaron al hogar diez chicos que vivían y se drogaban con cemento en la vereda de un supermercado ubicado en San Lorenzo. Llegaron a la casa de Ña Gregoria después de haber visto un reportaje sobre el hogar en la tele. Una de las niñas que vivía en la calle identificó a su hermanita y propuso a sus amigos a sumarse a la gran familia en Itá.

Ya no había espacio, ni presupuesto para uno más. Pero las puertas de Gotitas de Amor igual se abrieron para ellos. Los diez todavía no tienen cama, duermen en colchones en el piso, pero están felices porque se van a la escuela, juegan todo el día y reciben amor.

Esta semana Gotitas recibió una gran noticia: Desde abril percibirán un pequeño rubro de la Secretaría de la Niñez, al igual que otros 12 hogares y comedores solidarios. De unos G. 8 millones (unos US$ 1600).

Si quieren ir a visitar el hogar o ayudarle a los chicos con lo que puedan (allí todo es bienvenido) pueden hacerlo comunicándose al 0981269776.

Gotitas de Amor les va a enseñar mucho. Quizás llevarán algo para ayudarlos con lo más mínimo o con lo máximo y terminarán trayendo más de lo que donaron. Siempre.

lunes, 9 de marzo de 2009

Escape con olor a campo

Un lunes a viernes de locos... Semana estresante. Fin de semana a la vista. Olor a verde que no sale de la cabeza. Ganas de tirarse en el pasto en algún lugar del interior. Pero ¿A donde ir? El Rancho Laguna Blanca, en San Pedro, era el ideal. Los 270 kilómetros de viaje por asfalto, luego los 27 km por tierra, más 3 kilómetros de caminata que debíamos de hacer para llegar al establecimiento, y quedarnos solamente por dos días, nos obligó a posponer el deseo.

Pero ¿Que hacer? No queríamos ir ni tan lejos ni tan cerca... Pero queríamos darnos un escape. De repente, una luz vino a nuestras mentes y por casualidades de la vida pensamos: Ybycuí, sí ese es el lugar que estamos buscando...

Un sábado, a las ocho de la mañana tomamos el ómnibus a la "Cuna del Centauro", como le llaman muchos de sus pobladores: allí había nacido Bernardino Caballero, ex presidente de Paraguay y fundador de uno de los partidos más tradicionales del país, el colorado.


De ida y vuelta uno no se aburre, siempre hay algo que ver por el camino, el paisaje es perfecto. Una vez en la ciudad inició nuestro tour, un paseo tranquilo por una atractiva e histórica ciudad que casi no conocíamos. La elección fue perfecta. Pueblo chico, gente amable...

Luego el cansancio llamó al hambre y la sed, y estos al sueñooo... La tarde estiró para tomarnos una siesta hasta que el cuerpo descansara sin restricciones, por supuesto, en el Hospedaje La Esperanza (les recomiendo).
La noche en Ybycuí fue perfecta. Una llena de estrellas, que por cierto, se veían muy muy bien. Eso fue hermoso.




El domingo de mañana fuimos al Parque Nacional de Ybycuí, (a unos 40 minutos del pueblo) que alberga a la Rosada, la primera fundición de hierro de América Latina. Fue construida por Don Carlos Antonio López. Era historia pura! pero palpable! Al llegar al Parque ya se ve la Rosada, que cuenta con un museo en el que se exhiben piezas que se habían fabricado en el lugar y se puede hacer una recorrida por lo que resta del edificio de lo que fue la fábrica en su época de funcionamiento.

A unas 30 cuadras de allí está el Salto Minas, en un complejo donde mucha la gente va a pasar el fin de semana. Llevan carne para el asado, hamaca para descansar y la conservadora de cerveza.

Ybycuí toda es un lugar ideal para pasar un fin de semana lejos del ruido, la rutina, el smock, olvidarse de las preocupaciones y zambullir por horas en lo que fue el pasado paraguayo... Date también un escape urbano!! no te vas a arrepentir!!