La publicación despertó la solidaridad de varias personas de buena voluntad, quienes aún abundan en el país. Entre ellas apareció una que llamó al hogar y pidió a la encargada que los niños hicieran sus cartas para los Reyes porque ella pasaría a buscarlas y luego retornaría con los regalos de los tres personajes del Oriente.
Los zapatitos de los 23 niños que en ese entonces albergaba el hogar (hoy son 45) amanecieron uno al lado del otro en el patio junto al agua y el pasto para los camellos.
Emoción, alegría, ilusión, espera, ansiedad... Los niños se despertaron más temprano de lo habitual. Y... No había regalos. Pasaron las horas... Las 10:00, 11:00, 12:00, 13:00, 14:00 ... las 15:00 y los pedidos aún no llegaban.
La mamá del corazón de los chicos trataba de hacerlos entender que los Reyes quizás no pasarían porque estaban apurados y tenían muchos países que recorrer. "Será el otro año", les repetía.
Llegó la noche y los chicos durmieron sin haber conocido lo que se siente encontrar los regalos que con tanta ilusión pidieron en sus cartas. La señora jamás volvió a llamar...
En el hogar viven niños y adolescentes que fueron abandonados por sus familias en la puerta de la casa de la señora Cousirat, quien durante 30 años vivió y trabajó en Buenos Aires junto a su marido y sus cinco hijos.
Después de tres décadas fuera de su Paraguay querido retornó a su casa, que con tanto sacrificio había comprado en la villa Esperanza, ubicada en la entrada de la ciudad de Itá. A meses de haberse instalado en su residencia, junto a su marido su vida comenzó a dar un giro inesperado.
Una mañana, mientras la mujer realizaba las tareas del hogar escuchó el llanto imparable de un bebé. Salió a su vereda y estaba ahí, acompañado de otros seis niños.
Estaban desnutridos, tenían piques en los pies y no se bañaban hacía varios días. Les hizo pasar a su casa, les limpió a todos y les dio comida. Averiguó el paradero de sus padres. Conoció al papá, un hombre alcohólico, quien le pidió por favor que ella cirara a sus hijos porque el no tenía recursos.
La mujer los acogió en su casa. Semanas después volvieron a dejar a otro niño en su vereda, y luego a otro, y luego a otro más... hasta que todos juntos sumaron 34, hasta mediados de marzo de 2009. Como no tenía espacio para albergar a tantos niños apeló a la solidaridad de la gente a través de los diarios. Un ingeniero de gran corazón le construyó camas para todos sus nuevos hijos, la gobernación les donó leche y para los gastos de alimentación comenzaron a elaborar y vender detergente en el barrio.
Como dice su nombre, el hogar está lleno de amor. Las pocas veces que fui salí llena de alegría, invadida de abrazos, besos y sonrisas que dan esperanza. La casa es pequeña, pero a la vez grande: alberga a 45 niños, sí 45... increíble! Además tiene una guardería para los más pequeños, con clases de portugués e inglés.
Hace un mes, llegaron al hogar diez chicos que vivían y se drogaban con cemento en la vereda de un supermercado ubicado en San Lorenzo. Llegaron a la casa de Ña Gregoria después de haber visto un reportaje sobre el hogar en la tele. Una de las niñas que vivía en la calle identificó a su hermanita y propuso a sus amigos a sumarse a la gran familia en Itá.
Ya no había espacio, ni presupuesto para uno más. Pero las puertas de Gotitas de Amor igual se abrieron para ellos. Los diez todavía no tienen cama, duermen en colchones en el piso, pero están felices porque se van a la escuela, juegan todo el día y reciben amor.
Esta semana Gotitas recibió una gran noticia: Desde abril percibirán un pequeño rubro de la Secretaría de la Niñez, al igual que otros 12 hogares y comedores solidarios. De unos G. 8 millones (unos US$ 1600).
Si quieren ir a visitar el hogar o ayudarle a los chicos con lo que puedan (allí todo es bienvenido) pueden hacerlo comunicándose al 0981269776.
Gotitas de Amor les va a enseñar mucho. Quizás llevarán algo para ayudarlos con lo más mínimo o con lo máximo y terminarán trayendo más de lo que donaron. Siempre.